Thursday, 23 January 2020

Piñera ¿feminista?

¿Es creíble que quienes se opusieron al divorcio, a la igualdad de los hijos habidos dentro y fuera del matrimonio, al divorcio, al aborto, a la píldora del día después (porque a todas esas cosas la derecha se opuso) aparezcan, de pronto, promoviendo una agenda de género, un repertorio de iniciativas que abogan por la igualdad entre hombres y mujeres?

¿Es creíble que quienes se opusieron al divorcio, a la igualdad de los hijos habidos dentro y fuera del matrimonio, al divorcio, al aborto, a la píldora del día después (porque a todas esas cosas la derecha se opuso) aparezcan, de pronto, promoviendo una agenda de género, un repertorio de iniciativas que abogan por la igualdad entre hombres y mujeres?

La derecha piensa que sí, que ella luego de haberse opuesto con todas sus fuerzas a todas esas cosas puede, ahora, liderar un programa de igualdad de géneros.

Pero a poco de reflexionar se descubre que algo así no es posible. Cada uno está preso de sus actos pasados, de su conducta previa y no es cosa de declarar de un día para otro que ha cambiado, que las cosas serán ahora radicalmente distintas. A esa imposibilidad de contradecirse a sí mismo los juristas lo llaman - desde muy antiguo- doctrina de los actos propios: la imposibilidad de contravenir el sentido objetivo de la conducta pasada. Los pecados de la vida personal pueden perdonarse y siempre es posible comenzar de nuevo (a eso H. Arendt lo llamaba la natalidad de la vida humana), pero eso no es posible en política. En la arena de la política usted no puede haber luchado contra la igualdad de los hijos, el divorcio, el aborto y la píldora, y pretender que, de pronto, se le crea defensor de la igualdad de género. Pero, sin embargo, eso es lo que el Presidente Piñera y sus ministros pretenden.

Es como si la Iglesia Católica chilena, que parece contar con un abusador para revelar cada día, se ofreciera para proteger a la infancia. O que luego de promover a María como imagen de mujer, luchara contra la división sexual del trabajo.

No es posible.

Lo que ocurre es que hay un vínculo indisoluble entre las demandas a las que la derecha históricamente se ha opuesto (tomada de la mano con la Iglesia Católica) y las actuales demandas de igualdad.

Si lo que las mujeres, las muchachas y las niñas de hoy reclamaran fuera simplemente más justicia distributiva entre los géneros -igualdad de rentas, no discriminación y cosas así, todas, desde luego, muy importantes-, la agenda que acaba de anunciar la derecha tendría sentido y sería capaz de apagar el fervor de estos días. Si el problema de las mujeres fuera solo el trato desigual o el abuso en las relaciones laborales o educativas, la agenda que con su habitual entusiasmo y falta de carisma anunció el Presidente estaría bien.

Pero ocurre que el problema para las mujeres no es el abuso o la falta de justicia, es la dominación. La dominación no es lo mismo que la injusticia. Usted trata injustamente a alguien cuando le da menos de lo que merece; usted la domina cuando mediante la fuerza o, como es más frecuente, mediante la cultura y la socialización le indica su lugar en el mundo y le enseña que su voluntad en ciertos aspectos no cuenta.

Y lo que las mujeres hoy reclaman es autonomía o si se prefiere soberanía sobre sí mismas, la que no es concebible si no tienen también autonomía o soberanía sobre sus proyectos vitales y sobre sus cuerpos. Y basta recordar la manera en que la derecha ha resistido una razonable ley de aborto para advertir cuán lejos está en realidad de las demandas que las mujeres hoy día plantean, por más esfuerzos, sonrisas y gestos de comprensión que Piñera haga. El mejor ejemplo de esa distancia es el ministro de Salud, Santelices, que un día, entre gallos y medianoche, modifica el protocolo de aborto para estrechar las posibilidades de que se lo practique (y se ensanchen las de objetar conciencia) y al día siguiente aparece promoviendo la agenda de género a propósito de las isapres. Un día se esmera en reducir las posibilidades de que una mujer violada aborte y otro proclama la igualdad de géneros. Y pretende que se le crea. ¿No será confiar demasiado en la ingenuidad del público?

El repentino feminismo de Piñera puede ser producto de una simple impostura, de un oportunismo rampante, o, en cambio, el resultado de un error de diagnóstico, de la creencia de que todos los fenómenos sociales son reivindicativos y ninguno demanda cambios estructurales. Lo más probable es que ese feminismo sea el fruto equilibrado de ambos, del oportunismo y la incomprensión.

Aunque Usted No Lo Crea